Mar Florès

La Nueva Diplomacia Pública Mexicana

In Política Exterior Mexicana on August 2, 2013 at 11:32 pm

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En México, comienza un nuevo gobierno y con él la oportunidad para replantear la política exterior mexicana, a partir de un Plan Estratégico en la materia. De acuerdo con especialistas en el tema, la política exterior de un país es un proceso, en el que convergen diversas circunstancias y actores, tanto del ámbito interno como del externo, que responden a intereses diversos. Desde esta perspectiva, la política exterior de un país puede ser constante pero también puede cambiar; ya sea que acontezca un cambio de régimen o un ajuste al estilo de gobierno que implique nuevos objetivos, temas, actores o estrategias.

El fenómeno de la globalización ha alterado sustancialmente la forma de hacer política en el ámbito internacional y, desde luego también, las relaciones en el orden económico. Con razón, Ana Covarrubias sostiene que quienes formulan y ponen en práctica la política exterior tienen que hacer frente a un ambiente internacional confuso y conformado por muy distintos actores, en el que los obstáculos y las oportunidades que se les presentan no están ya claramente definidos. Antiguamente, la figura de los cuerpos diplomáticos era la más identificada con la presencia de los Estados en el exterior, pero actualmente ha dejado de haber un monopolio gubernamental en este terreno y ya son varios los actores de carácter internacional que participan e inciden en la generación de políticas públicas en materia de política exterior, dado que está anclada en una base social, destacando así: universidades, think tanks, personajes del medio del espectáculo, deportistas, líderes religiosos, empresas, medios de comunicación, gobiernos locales, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales, entre otros.

En este sentido, sin pretender abordar todos los elementos de análisis para el replanteamiento de la política exterior de nuestro país, comentaré una investigación que considero interesante y oportuna. De acuerdo con Guadalupe González, es necesario democratizar la política exterior, a fin de identificar qué está pensando el ciudadano mexicano para incorporar su visión a la política exterior que habrá de definir el rumbo del país y así obtener el lugar que queremos de México en el mundo. Siguiendo el estudio que esta autora realiza, a partir de la encuesta denominada “México, las Américas y el Mundo 2012-2013” -en su Quinta Edición- los objetivos que los mexicanos consideran más importantes en la política exterior mexicana, conforme a los temas más sensibles son:

1. Seguridad
Objetivo: contrarrestar la imagen negativa del país, derivado de la inseguridad que prevalece en algunas zonas del territorio.
2. Turismo
Objetivo: difundir una imagen positiva de México y obtener mayores ingresos para los mexicanos.
3. Inversión extranjera
Objetivo: mejorar el nivel de bienestar de la población, a través de más y mejores empleos.
4. Desarrollo social
Objetivo: participar más activamente en foros internacionales que abordan temas ambientales y de salud, principalmente.

Los datos de la encuesta también demuestran que el deseo generalizado de los mexicanos es lograr una política exterior más activa, haciendo uso de instrumentos del llamado soft power (poder suave) que en los 90’s Joseph Nye definió como “las capacidades y recursos con los que cuentan los Estados para influir sobre las decisiones y el comportamiento de los demás, así como en los acontecimientos globales, a través de recursos intangibles, como son: los niveles de prosperidad económica, el nivel educativo de los habitantes, la capacidad tecnológica y la promoción y práctica de valores universales tales como la democracia, los derechos humanos y la protección al medio ambiente- entre otros”.

El también llamado smart power (poder inteligente) es aplicable a México, siendo un país mediano que no ejerce en el sistema internacional un poder militar pero que tiene otros recursos estratégicos para presentarse ante otros países y otros pueblos, como lo es la promoción de su oferta cultural; México es rico en ese ámbito y puede ejercer plenamente ese tipo de diplomacia. Asimismo, existen otras manifestaciones de ese poder y que México ha ejercido en el pasado, como la mediación o la negociación; a través de los buenos oficios diplomáticos para mediar en conflictos nacionales e internacionales. Otro más, es la divulgación de los alcances de potencial economía mexicana, buscando presencia en países mucho más distantes y afines, como Turquía o Indonesia, para que la potencia económica de México sirva como instrumento de diplomacia bilateral. El objetivo es ser un socio más activo en el ámbito global.

El gobierno gobierno mexicano ha preferido utilizar sus recursos de poder suave en determinados sectores:

  1. Comercio
  2. Turismo

De esta forma, se ha buscado generar una buena reputación e imagen positiva del país, pero México tiene que adaptarse mejor ante los cambios en el escenario internacional para dar una mayor promoción de nuestro patrimonio histórico y cultural, de acuerdo con los mexicanos que fueron encuestados. Al respecto, considero que primero es necesario determinar y afianzar qué es lo que queremos transmitir del país con ese poder suave; ello implica actualizar el sentido de identidad nacional en el convivir con la comunidad internacional. En México, el nacionalismo surgió como proyecto de comunidad nacional, como elemento ideológico capaz de dotar al país de unidad y estabilidad interna. Fue también un instrumento de legitimidad de los gobiernos mexicanos (priístas) que buscaban guardar una imagen revolucionaria y nacionalista heredada del movimiento iniciado en 1910.

Ha pasado más de un siglo de eso y evidentemente el país cambió y con él todo, interna y externamente. Por lo tanto, seguir dándole un sentido de vocación nacionalista en esos mismos términos a la nación mexicana sería tanto como desconocer la historia de México. Es necesario retomar esta reflexión, a fin de poder construir un referente colectivo que nos distinga en el mundo. La influencia cultural de otros pueblos ha contribuido a la erosión de las bases de identidad nacional que teníamos en un momento determinado y ha abonado el campo para la penetración de otras ideologías. Entonces, creo que primero debe estar más claro “lo mexicano” .

En otro sentido, existen temas aún no explotados lo suficiente y en los que México puede aprovechar el espacio y las fortalezas que tiene en el ámbito internacional, como el deporte, la gastronomía y la cooperación internacional; a diferencia de países como China, España y Japón, que sí lo hacen con mucho impulso. Simplemente el idioma español o castellano, es un recurso estratégico con el que cuenta México, que puede explotar más, si se toma en cuenta que es la segunda lengua del mundo más hablada, después del chino mandarín, que lo hablan más de mil millones de personas. El español es utilizado por más de 350 millones de personas en el mundo; desplazando así al inglés, que quedó en la tercera posición de la lengua más hablada en el planeta. Globalmente, el idioma ocupa las primeras posiciones respecto a mayor población alfabetizada; lengua más utilizada para la producción de información en los medios de comunicación; y, lengua con más usuarios de internet. Es uno de los seis idiomas oficiales de la ONU y también idioma oficial en las principales organizaciones internacionales (OCDE, UE, OEA, entre otras); destaca además su uso en el ámbito deportivo, como en la FIFA, asociación internacional de uno de los deportes más importantes en el orbe y el más significativo en el país: el futbol.

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Por otro lado, según este estudio, el país ha ido perdiendo terreno en la arena internacional, a pesar de ser rico en su historia, gastronomía, arte y cultura; en el pasado reciente, ha disminuido el nivel de contacto con el exterior, referente al turismo que visita México y los mexicanos que viajan al exterior. Muestra de ello son los datos que ofrece la Secretaría de Turismo federal en lo que toca a la pérdida de posicionamiento que hemos sufrido como lugar preferido de destino en el mundo. Esto quiere decir que los mexicanos nos abrimos menos económica y culturalmente; salimos menos presumiblemente por la crisis económica que se vive en el país y nos visitan menos por la situación de inseguridad que a la vista de los extranjeros impide un libre esparcimiento en territorio mexicano. Un caso emblemático son los cruceros, que ya no tocan tierra mexicana por el temor de sufrir un incidente a causa de la inseguridad.

De tal suerte que México se enfrenta ante la necesidad de una estrategia en el mediano y largo plazo para reorientar los esfuerzos institucionales e incorporar cada vez más la participación social en este ámbito. En esta lógica, si se quiere promover mejor al país en el exterior debemos, entre otras cosas, impulsar un nuevo perfil diplomático, que no solo cuente con expertos profesionales de las universidades y del Instituto Matías Romero. Se necesita una mejor adaptación a los cambios que exige el entorno internacional para poder interactuar con efectividad en cualquier parte del mundo donde México tenga presencia. Esto implica un servicio exterior que haga uso de herramientas sin las cuales se antoja difícil convivir con la diplomacia global. Es fundamental que esta labor la realicen analistas expertos con bases sólidas de ciencia política y economía, con conocimientos suficientes para llevar a cabo la labor diplomática mexicana; con habilidades y técnicas de comunicación, con capacidad de acercarse a cualquier actor internacional, de expresarse de manera efectiva, de transmitir confianza y control en cada espacio que México ocupe en el escenario internacional. A su vez, es un deber de nuestro cuerpo diplomático optimizar el uso de la tecnología, de las redes sociales en su conjunto, es decir, emplear la diplomacia digital de manera permanente y oportuna. Es vital contar con una visión integral y estratégica de lo que de forma institucional el gobierno mexicano desea transmitir.  De otro modo, cada instancia de gobierno llevaría a cabo acciones aisladas para la proyección internacional de su respectivo sector, lo que restaría impacto y penetración a la imagen del país hacia afuera. Aunado a lo anterior, la multiplicidad de actores no gubernamentales que se sumen o complementen estos esfuerzos, fortalecería nuestra capacidad de llegar a una mayor audiencia y así conseguir que México mejore su lugar en el mundo.

El actual entorno internacional se caracteriza por la interdependencia global en todos los aspectos y el empoderamiento de la opinión pública y los ciudadanos. La diplomacia pública debe convertirse en el canal de contacto entre México y el mundo, a fin de trabajar en pro de los intereses que definamos, a partir de un esquema pacífico, de cooperación y constante comunicación.

Destacaría dos propósitos fundamentales para la diplomacia pública mexicana:

1. Favorecer el desarrollo de la política exterior de México en un entorno internacional interdependiente, mediante la generación de confianza, credibilidad y compromiso al participar en instancias multilaterales y en acciones de cooperación conjunta. Actividades de la política de buena voluntad, como el cine, la radio difusión, festivales internacionales, publicaciones de prensa oficial, intercambios educativos y culturales, ampliarían sin duda el conocimiento de lo que es mexicano en el exterior, generando percepciones que nos permitan comunicar mejor lo que representa México en el mundo.

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2. Acercarse a la opinión pública extranjera para promover a México y conocer mejor los países con los que tiene relaciones.  La sociedad mexicana, cuya voz se vuelve crucial en los debates políticos internos y en la toma de decisiones gubernamentales, también puede contribuir con los intereses mexicanos en el ámbito internacional, ya que incide en negociaciones, acuerdos y decisiones de Estado. La diplomacia pública se ejerce abierta y transparente alrededor del planeta y ello permite la participación ciudadana en las esferas políticas, como nunca antes en la historia de la humanidad, y México no es la excepción. A modo de ejemplo, destaca la intervención de la mexicana Salma Hayek, empresaria y actriz, en un foro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el que defendió al lado de otras figuras públicas mundiales los derechos de las mujeres, en rechazo a la violencia de género. Ese conjunto de voces que se escuchan globalmente, abanderando causas sociales que son impulsadas por un gran número de ciudadanos en el mundo, es muestra de que la capacidad de los gobiernos para atender problemas públicos ha sido rebasada hace ya tiempo. En la actualidad, es complicado tener gobiernos todopoderosos que desprecien la participación ciudadana en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas de las sociedades. Por ello, es importante incorporar liderazgos sociales para sumar esfuerzos en la elaboración de políticas públicas que impacten positivamente en la vida de las personas.

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El cambio más trascendental en el ámbito de las relaciones exteriores es la forma en que se practica la diplomacia. Como se ha comentado, la gran cantidad de interlocutores globales, así como los grandes avances tecnológicos obligan sin duda a los responsables de las relaciones exteriores de los países a reinventarse. 

En conclusión, la nueva diplomacia pública mexicana se puede desarrollar no solo a través del sector público, sino con la participación de la sociedad, de manera compartida y corresponsable. Democratizar el proceso de definición de la política exterior es una forma de encontrar el camino hacia la ubicación que le busquemos a México en el mundo. Esto implica ser un actor globalmente responsable, pero también tener ciudadanos (as) nacionalmente responsables y comprometidos con la vida interna del país.

México goza de una riqueza digna de presumir y alberga también a una sociedad cálida, que tiende siempre lazos amistosos, que es pacífica y generosa, dentro y fuera del territorio mexicano. Es más lo positivo lo que distingue a las y los mexicanos que las noticias negativas que se han difundido tanto y han deteriorado en los últimos años la imagen del país en el exterior. Es fundamental apuntalar un plan estratégico en materia de política exterior para poder explotar los recursos más valiosos que se tienen, tangibles e intangibles. Es momento de recuperar el prestigio y buena reputación de México en el mundo; existen las condiciones para hacerlo y debe aprovecharse la oportunidad.

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